Elevo los brazos
muy alto.
lunes, 4 de julio de 2022
lunes, 29 de noviembre de 2021
La habitación, ahora que te has ido bruscamente,
se ha llenado de preguntas de nieve y lava.
Yo sé que lo que no regresa está en la maleta
con la que prosigo el viaje.
Este poso de melancolía
insiste en supurar la fragancia
de esa intangible presencia,
como humo que sube victorioso
después del desgaste, y parece
insinuar la alegría de las horas previas
a una inminente llegada.
Adondequiera que vaya
y cualesquiera que sean las palabras
con las que le cuente a los parques
que todavía sueño que vienes,
ellos saben lo absurdo de la necesidad de la forma
cuando se ha convertido en fábula;
ellos saben de la dignidad del recuerdo
y del olvido generoso
que todo lo endulza y lo atenúa;
ellos saben que el espejo líquido me descubrirá
se ha llenado de preguntas de nieve y lava.
Yo sé que lo que no regresa está en la maleta
con la que prosigo el viaje.
Este poso de melancolía
insiste en supurar la fragancia
de esa intangible presencia,
como humo que sube victorioso
después del desgaste, y parece
insinuar la alegría de las horas previas
a una inminente llegada.
Adondequiera que vaya
y cualesquiera que sean las palabras
con las que le cuente a los parques
que todavía sueño que vienes,
ellos saben lo absurdo de la necesidad de la forma
cuando se ha convertido en fábula;
ellos saben de la dignidad del recuerdo
y del olvido generoso
que todo lo endulza y lo atenúa;
ellos saben que el espejo líquido me descubrirá
a otra mujer diferente de esta:
la que sabe que el futuro que viene
guardará instantes y disipará las penas
de estos días en los que tiro piedras al estanque
mientras me quedo mirando, entimismada,
esos círculos ondulantes, cada vez más lejanos,
que forma el agua cuando algo se hunde.
Imagen: Ellen Von Wiegand
la que sabe que el futuro que viene
guardará instantes y disipará las penas
de estos días en los que tiro piedras al estanque
mientras me quedo mirando, entimismada,
esos círculos ondulantes, cada vez más lejanos,
que forma el agua cuando algo se hunde.
Imagen: Ellen Von Wiegand
martes, 5 de octubre de 2021
Mientras me fumo el primer cigarro
del día mezclado con el sabor
del café negro
del día mezclado con el sabor
del café negro
observo el modo
en que las cosas se comportan
y me doy cuenta de cómo le tiembla
el pulso a octubre
cuando se va desnudando
expuesto a la mirada de paseantes
que pisan hojas semihundidas
en la hierba
donde el rocío espera un minúsculo
rayo de sol para irse
y el paisaje
más seco y polvoriento
se va llenando de nubes.
Todo esto me lleva a recordar
el frío que aguarda
y que el desierto
es una franja de tierra pequeña
asumible de cruzar
si lo comparo con lo lejos
que estamos los dos.
el pulso a octubre
cuando se va desnudando
expuesto a la mirada de paseantes
que pisan hojas semihundidas
en la hierba
donde el rocío espera un minúsculo
rayo de sol para irse
y el paisaje
más seco y polvoriento
se va llenando de nubes.
Todo esto me lleva a recordar
el frío que aguarda
y que el desierto
es una franja de tierra pequeña
asumible de cruzar
si lo comparo con lo lejos
que estamos los dos.
sábado, 24 de abril de 2021
jueves, 25 de marzo de 2021
Ella que nunca se rinde,
es una valiente
Wonder Woman
es una valiente
Wonder Woman
de la vida diaria.
De su arsenal de las armas
destaco el Lazo de la Verdad
y una aguja mágica
con la que sigue cosiendo
la paz
puntada a puntada.
Impera la libertad
en su hogar -que es de todos-
donde volver a casa
es más que una expresión,
allí, donde solo ondean
banderas de ropa limpia
recién lavada.
Ella atesora todas
las competencias
que puedas imaginar,
lleva el peso ella sola
de todos los ministerios
sin sueldo alguno,
sin derecho a vacaciones
ni baja laboral,
y sabe que no se puede
gobernar nada
sin la ética del cuidado
sin la constitución del amor.
Ella conoce y ha reescrito
los estatutos de una vida feliz.
Y así lo creo firmemente
-que tome nota España,
Europa o el mundo entero-:
siendo la gallina
de los huevos de oro,
De su arsenal de las armas
destaco el Lazo de la Verdad
y una aguja mágica
con la que sigue cosiendo
la paz
puntada a puntada.
Impera la libertad
en su hogar -que es de todos-
donde volver a casa
es más que una expresión,
allí, donde solo ondean
banderas de ropa limpia
recién lavada.
Ella atesora todas
las competencias
que puedas imaginar,
lleva el peso ella sola
de todos los ministerios
sin sueldo alguno,
sin derecho a vacaciones
ni baja laboral,
y sabe que no se puede
gobernar nada
sin la ética del cuidado
sin la constitución del amor.
Ella conoce y ha reescrito
los estatutos de una vida feliz.
Y así lo creo firmemente
-que tome nota España,
Europa o el mundo entero-:
siendo la gallina
de los huevos de oro,
koro koko, kiri kiki,
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