viernes, 16 de diciembre de 2016

La próxima vez
usaré en lugar de un corazón
un sensor meteorológico
por si el viento del desamor
vuelve a soplar en mi contra
sus cenizas.

Imagen: Олег Королевский


No se puede vivir
por encima de los sueños
ni por debajo de su frecuencia.

Imagen: Patrice Murciano

 

miércoles, 7 de diciembre de 2016

Tuve que enamorarme de ti.
Sin reproches.



Todo en mí te reconoce.
Me palpas, me transitas,
me descubres.

Ahora que me parte en dos
tu lengua de hielo que quema,
cualquier cosa
que me den tus manos
la ingiero.

Mi piel se volcaniza,
cimbrean mis caderas,
se tensan mis piernas,
paso de estado sólido
a líquido en una cadena
de pleamares de espasmos.

Caen los brazos en cruz
muertos de placer.
Sexo afónico
tras el último gemido.

Dulce permaneces
mientras vuelvo a la vida
y te beso.


martes, 6 de diciembre de 2016

Otra vez le abrí las puertas
al temblor,
a las emociones
de las palabras dichas con cadencia,
a un reguero de versos que ardiendo
resbalaban por mi hombro.
Otra vez por amor
no hubo más espacio
que él mismo y su eco al yo pronunciarlo
y terminaste existiendo
dentro del poema insomne, mudo.
Otra vez tropecé con la escarcha
del miedo silencioso y me caí en la espiral
de sombras sin luz, de corazón sin cuerpo.

Imagen: Erika Kuhn


domingo, 4 de diciembre de 2016

Me salto todas las leyes que te prohíban


«Son cosas que se dicen» -dijiste-
y reconozco que me quedé rígida
como un poema fácil de romper
en dos mitades una vez congelado,
al mismo tiempo, que un enjambre de avispas
acribillaba, sin pudor, tu frialdad y mi tristeza.
Puede que más que el hecho en sí mismo
fuera que no me encajaba contigo.
Nunca te imaginé pronunciando
justo esas palabras al vacío
y no sé, si para mitigar el impacto
o porque me paré a pensar con la cabeza fría,
que me di cuenta, súbitamente,
-desilusionada como quien pierde el mapa
que resuelve el camino de las dudas-
de que era más fácil haberme equivocado
sobre ti a que ese «te quiero» fuera cierto.
Entonces fui consciente de la cuadratura del círculo.

Imagen: Alejandra Baci