domingo, 27 de enero de 2019

Muestro mi espalda desnuda
como un cangrejo sin concha,

lo único que queda
cuando ya no queda más.

La exhibo sin ningún pudor
y esta piel tragaluz
se abre en árbol genealógico,

cactus superviviente
al desierto de mi estirpe.

Cruzo en pie por los siglos
flexible como duna móvil
cambiando lo simbólico,

culebra que resucita a otras
con hierbas en su boca.

Una ecdisis es necesaria
-brazos en cruz-
con la que suelto los moldes

y este peso muerto
            de la Historia
                  que sostengo.


Imagen: autoself



viernes, 11 de enero de 2019

Tu voz me levanta los pies del suelo
y apenas,tímidamente, en un segundo
la vida comienza a batir sus alas.

¡Cómo quisiera ser pájaro
cuando me llamas «cielo»!

Imagen: Reid Valmestad



lunes, 7 de enero de 2019

En el desguace de las dudas
terminan abandonadas las certezas,
demasiado velo gris y palabras
inacabadas, frases torcidas,
malinterpretados silencios, intenso
dolor, un todo incrédulo.

¿Dónde la seguridad? ¿Dónde
el error? ¿quiénes los culpables?.

En el callejón de los perdones
una moneda al viento. El tiempo
mata cualquier destino. La suerte
no evita nada y el daño sigue cayendo
como tortura china: gota lenta
insistente, calando el hueso.

¿Duele más la herida o tener
la certeza de quién la inflige?

Nada se aprende salvo que no hay
viaje de regreso. Pero escuchando
Midnightclub 1960, la ausencia es
el juego de la cuerda y el aire
que me trae el recuerdo de tus labios
con sabor a pérdida.


Imagen: Catherine Deneuve por Jerry Schatzberg 




sábado, 24 de noviembre de 2018


Como el sol por el oeste
cualquier tarde de noviembre
toda yo me he ido difuminando.

No es importante cómo
ni por qué.

Sólo que esa luz naranja
se derramó sobre mí
borrándome.

Imagen: Yuli Sato


jueves, 4 de octubre de 2018


Con un cambio de método y una cueva-útero
donde pensar libremente, la mirada se abre.

Arrancar las introducciones de los libros,
que la tinta no entre con sangre, romper normas,
llegar al punto de un renacimiento sin pasado,
sin definidores ni definidos. El momento que nace
con vocación de muerte súbita, vivamos el carpe diem
fugitivo de la línea del tiempo. Y así, la mente cercada
antes por los prejuicios, se expandirá sin límites
porque la vida es aquí y ahora, y no se puede
recuperar jamás el instante perdido.

“Oh, Capitán, mi Capitán!”,
mientras Wanda Jackson nos canta
que hagamos una fiesta esta noche,
con un verso atrevido y liberado
El Club de los Poetas Muertos
ya entiende que los poemas
son circulares
e indefinidos.

Imagen: Daniel Arsham 




sábado, 11 de agosto de 2018

He llorado sobre cada una
de las bisagras.

No había otra forma
de cerrarla.

La puerta.
La tuya.




domingo, 5 de agosto de 2018


Saberte vertical y poliédrica. Sentir a latigazos
como de repente te eclipsas. Mis párpados
se cierran cansados de buscar un punto de luz
en los acantilados donde el sol cae más tarde
y no hay marea que justifique el amor desmedido
que se muere ahogado en mi boca
ante lo irreparable, lo irreversible que encubre
el tránsito sigiloso y el desconcierto
de una complicidad estéril, de esta muerte lenta
de la piel y su idioma, de este mantra
vuelto pánico que nos deja la lengua bífida
y hojas de trébol cayendo de la mirada
cuando, entre tú y yo, luces y sombras juegan
por los pasillos y se pierden como niños
volviéndonos intangibles, irreales, sabiendo que
“érase una vez…” es lo que queda de nuestro tiempo.
Tu sombra cosida en mi espalda resistiendo el olvido
cuando entro en mi casa-isla que se hunde
y solo el sonido de sueños rotos, sola la afonía,
sola la pena.
Sola.

Imagen: Francesca Woodman