domingo, 11 de junio de 2017

En este océano
revuelto
de las decepciones,
no todo lo que habita
en los arrecifes
son corales.

Vive también
el pez veneno,
el pez encallado,
el pez diva.

Y ya sabemos
que al a-mar a río
revuelto,
nunca hay
ganancia
de perdedores.

(de Saltaré si Hay Abismo. Las Modernas Editorial, 2017)

Imagen: Eugenia Loli


Tengo el alma en busca
y captura.
Soy una nota
en fuga
de un pentagrama
para que no me encuentres
cuando vengas
a dolerme.


jueves, 1 de junio de 2017


Hoy hace noche de blues
por eso escucho a Dire Straits.

Tu nombre sigue ladrándome
dentro del pulmón izquierdo.
Es por eso que hiperventilo
y sigo oyendo murmullos
de caracolas en tu boca
como si me trajeras
todo el mar dentro.

Me imagino girando la rueda
en sentido inverso al tiempo
como si pudiera volver al segundo
antes de oírte por primera vez.
Desde entonces tengo el corazón
hiperactivo y un amor desarraigado
como un hogar sin casa.

Algunas noches te sueño en azul
-dicen que es un color cálido-
Me prendo a tu luz
como si yo fuera vela.
y me pregunto por qué
se reconoce la gente
para después perderse.

Primero intenté olvidarte,
ahora intento no quererte.
Todo parece distorsionado
para dar la última vuelta de tuerca.
Los placeres fingidos, la pasión extinta
las palabras flecha,
la última ola que colme el vaso.

Imagen: Silvia Grav




sábado, 27 de mayo de 2017


Se camuflan las estrías
de palabras afiladas
aguantando con elegancia
los fracasos,
resumiendo cualquier historia
a un casi cínico «no pudo ser»,
pulverizando cualquier estigma
de un amor letal
y terminal
con morfina.
Se aplaca la rabia
de la impotencia y su peligro
disimulando no escuchar
el ruido
del motor de un coche
que se aleja,
de una ola que se despide
y se rompe,
de un golpe de nudillos
que esconda lo hipersensible.
Corren tiempos difíciles
para la tristeza,
ya no puede una quedarse
mustia,
abandonarse en un rincón
unos días, unas horas;
no está de moda,
es obligatorio ser feliz
y publicarlo.


martes, 16 de mayo de 2017

Le abrí la piel a tu cuerpo amnésico
una vez.
No debimos limitarnos a ver
cómo el placer
cicatriza.

Imagen: Giorgina Napoletano





No me gusta el océano
en calma
como no me gusta
el silencio,
y mucho menos desde
que te conozco
a ti
que eres tormenta eléctrica
en alta mar.


Me arranqué el corazón y lo tiré al río
para ir por la vida como vas tú,
total, a mí ya no me servía
un corazón helado ¿a dónde va?.

Un rato después de nuevo hervía
vi cómo el agua empezó a humear.
¡Cómo iba a dejarlo allí!
si al fin y al cabo era mío.

Tarareaba Cry Me a River
hipotérmico perdido
y lo metí entre algodones.
Lo distraigo con papiroflexia,
le invento peces que vuelan...

Pero está de piedra como una gárgola
cuanto más quiero tocarle fibra
más resistencia opone a palpitar.

Y aquí estoy, dándole versos cada ocho horas.
Los poemas que nadie le dedica
se los escribo yo.