sábado, 24 de noviembre de 2018


Como el sol por el oeste
cualquier tarde de noviembre
toda yo me he ido difuminando.

No es importante cómo
ni por qué.

Sólo que esa luz naranja
se derramó sobre mí
borrándome.

Imagen: Yuli Sato


jueves, 4 de octubre de 2018


Con un cambio de método y una cueva-útero
donde pensar libremente, la mirada se abre.

Arrancar las introducciones de los libros,
que la tinta no entre con sangre, romper normas,
llegar al punto de un renacimiento sin pasado,
sin definidores ni definidos. El momento que nace
con vocación de muerte súbita, vivamos el carpe diem
fugitivo de la línea del tiempo. Y así, la mente cercada
antes por los prejuicios, se expandirá sin límites
porque la vida es aquí y ahora, y no se puede
recuperar jamás el instante perdido.

“Oh, Capitán, mi Capitán!”,
mientras Wanda Jackson nos canta
que hagamos una fiesta esta noche,
con un verso atrevido y liberado
El Club de los Poetas Muertos
ya entiende que los poemas
son circulares
e indefinidos.

Imagen: Daniel Arsham 




sábado, 11 de agosto de 2018

He llorado sobre cada una
de las bisagras.

No había otra forma
de cerrarla.

La puerta.
La tuya.




domingo, 5 de agosto de 2018


Saberte vertical y poliédrica. Sentir a latigazos
como de repente te eclipsas. Mis párpados
se cierran cansados de buscar un punto de luz
en los acantilados donde el sol cae más tarde
y no hay marea que justifique el amor desmedido
que se muere ahogado en mi boca
ante lo irreparable, lo irreversible que encubre
el tránsito sigiloso y el desconcierto
de una complicidad estéril, de esta muerte lenta
de la piel y su idioma, de este mantra
vuelto pánico que nos deja la lengua bífida
y hojas de trébol cayendo de la mirada
cuando, entre tú y yo, luces y sombras juegan
por los pasillos y se pierden como niños
volviéndonos intangibles, irreales, sabiendo que
“érase una vez…” es lo que queda de nuestro tiempo.
Tu sombra cosida en mi espalda resistiendo el olvido
cuando entro en mi casa-isla que se hunde
y solo el sonido de sueños rotos, sola la afonía,
sola la pena.
Sola.

Imagen: Francesca Woodman



sábado, 28 de julio de 2018


En la finca donde me crié, mi abuela
dirigía el cafetal, me educaba
y me instruía para la vida
«você tem que saber tudo».
Ella era mi madre.
Allí en Minas Gerais.

Mi abuela era sabia aunque no siempre
viera el fango en mis pulmones,
y si lo veía, esconder las garras del lobo
era más importante que contar
la verdad del cuento.
Las historias alma adentro
se guardan como puñales secretos
y sobre ellas se edifica la calma porque
quien dentro lleva manantiales de amor
termina brotándole por todo el cuerpo.

Pero yo la quería y me despierto
recordando su cara, ahora
que llevo un año goteando dolor
por los huesos.
Y ella que se ha vuelto pájaro libre
toca mi frente por las noches
y enciende velas a los ángeles,
se arrodilla y bajito les pide
que cese el mal de su niña, que cese
y yo en medio de la oscuridad
siento su presencia y la reconozco.

He visto médulas fugaces
brillando en el cielo.


domingo, 24 de junio de 2018

Roja se vuelve la luna
al trasluz de un rosario
de candelas.

Mis manos mojan las tuyas
de mar salada.

Me reflejo en tus ojos,
espejo de fuego, chispa
de noche estrellada.

Imagen: la noche de San Juan