viernes, 5 de octubre de 2018

#otoño

HAY UN ABISMO

Hay un abismo que me separa de tu lado
y siempre es más ancho que mi salto.

Va por delante mi sombra, ella te alcanza
mientras yo me agarro a los trazos
desdibujados de la memoria:

los segundos tras el beso,
los dos minutos y medio de mirarse dentro,
el eco que dejó tu voz al pronunciar mi nombre,
el pequeño silencio detrás de una coma,
ese intuir que precede al gesto.

Todo se puso en su sitio cuando cogiste mi mano.

Quise –ilusa- darle un giro a la vida
colgada de tu cuello como una bufanda,
desterrar todo el espacio que invade
la nada más absoluta,
ocupar la ausencia, desafiar la lógica.

Pero en este otoño que se te parece tanto
la lluvia caerá mañana despacito
y tú no estarás aquí para contarlo.


#otoño

FUNDAMENTALMENTE MÍA

Yo no sirvo para poner floreros
en la mesa ni coser dobladillos
porque ciertas reglas lo dicten,
no sé cocinar ni recordar
que a las dos cierra la panadería,
no sé estar atenta en una conversación
sobre lo que ha subido el agua,
tampoco hacer planes para echarle migas
a los patos del estanque los domingos.

Yo me fumo los días y escribo poemas,
no quiero relojes ajenos que me recuerden
que llego tarde a mi propia vida,
voy manteniendo el equilibrio
entre el arranque de ira y la paciencia
en el atasco que conduce al hastío
de ser adulta camino del trabajo.

A mí no me gusta madrugar
me gustan las madrugadas,
me dejo los paraguas en los bares,
me apunto al penúltimo whisky de la noche
mientras dejo fluir mis emociones
y a veces me quedo en punto muerto
en el momento más crítico.

Yo sé estar sola pero también
echar de menos que me recuerden
que se me olvidan las llaves.

No sé mantener la esperanza
ante la certeza de una puerta cerrada
ni sé retener a nadie a mi lado:
los rehenes no me gustan
ni los rompecorazones.

Algunos días mi cabeza es un globo de helio
enganchado en una nube de otoño
pero todos los días silbo canciones en el coche
manteniendo el tipo ante las imposturas
consciente del precio de la vida
siendo fundamentalmente mía
dentro de mi desastre.

jueves, 4 de octubre de 2018


Con un cambio de método y una cueva-útero
donde pensar libremente, la mirada se abre.

Arrancar las introducciones de los libros,
que la tinta no entre con sangre, romper normas,
llegar al punto de un renacimiento sin pasado,
sin definidores ni definidos. El momento que nace
con vocación de muerte súbita, vivamos el carpe diem
fugitivo de la línea del tiempo. Y así, la mente cercada
antes por los prejuicios, se expandirá sin límites
porque la vida es aquí y ahora, y no se puede
recuperar jamás el instante perdido.

“Oh, Capitán, mi Capitán!”,
mientras Wanda Jackson nos canta
que hagamos una fiesta esta noche,
con un verso atrevido y liberado
El Club de los Poetas Muertos
ya entiende que los poemas
son circulares
e indefinidos.

Imagen: Daniel Arsham 




sábado, 11 de agosto de 2018

He llorado sobre cada una
de las bisagras.

No había otra forma
de cerrarla.

La puerta.
La tuya.




domingo, 5 de agosto de 2018


Saberte vertical y poliédrica. Sentir a latigazos
como de repente te eclipsas. Mis párpados
se cierran cansados de buscar un punto de luz
en los acantilados donde el sol cae más tarde
y no hay marea que justifique el amor desmedido
que se muere ahogado en mi boca
ante lo irreparable, lo irreversible que encubre
el tránsito sigiloso y el desconcierto
de una complicidad estéril, de esta muerte lenta
de la piel y su idioma, de este mantra
vuelto pánico que nos deja la lengua bífida
y hojas de trébol cayendo de la mirada
cuando, entre tú y yo, luces y sombras juegan
por los pasillos y se pierden como niños
volviéndonos intangibles, irreales, sabiendo que
“érase una vez…” es lo que queda de nuestro tiempo.
Tu sombra cosida en mi espalda resistiendo el olvido
cuando entro en mi casa-isla que se hunde
y solo el sonido de sueños rotos, sola la afonía,
sola la pena.
Sola.

Imagen: Francesca Woodman



sábado, 28 de julio de 2018


En la finca donde me crié, mi abuela
dirigía el cafetal, me educaba
y me instruía para la vida
«você tem que saber tudo».
Ella era mi madre.
Allí en Minas Gerais.

Mi abuela era sabia aunque no siempre
viera el fango en mis pulmones,
y si lo veía, esconder las garras del lobo
era más importante que contar
la verdad del cuento.
Las historias alma adentro
se guardan como puñales secretos
y sobre ellas se edifica la calma porque
quien dentro lleva manantiales de amor
termina brotándole por todo el cuerpo.

Pero yo la quería y me despierto
recordando su cara, ahora
que llevo un año goteando dolor
por los huesos.
Y ella que se ha vuelto pájaro libre
toca mi frente por las noches
y enciende velas a los ángeles,
se arrodilla y bajito les pide
que cese el mal de su niña, que cese
y yo en medio de la oscuridad
siento su presencia y la reconozco.

He visto médulas fugaces
brillando en el cielo.


domingo, 24 de junio de 2018

Roja se vuelve la luna
al trasluz de un rosario
de candelas.

Mis manos mojan las tuyas
de mar salada.

Me reflejo en tus ojos,
espejo de fuego, chispa
de noche estrellada.

Imagen: la noche de San Juan